Apuntes & BORRRADORES

A LA BÚSQUEDA DE LAS ROCAS CON ARTE RUPESTRE.

Hace algunos años no resultaba importante detenerse a reflexionar sobre las maneras que en las distintas épocas algunos individuos han encontrado algunas rocas relativamente visibles que tenían motivos rupestres, ni tampoco era primordial atender con detalle y determinar el espacio en que estos hallazgos fueron pensados y mucho menos el modo como este intrincado conjunto de elementos culturales del lenguaje del pasado precolombino fueron encontrando un lugar en la mentalidad del período post-colonial. Hoy a pesar de que se ha generado una imagen moderna y crítica cuando se realizan estudios sobre las etnias precolombinos y su relación con el arte rupestre, es muy interesante constatar que algunos de estos informes al referirse al tema continúan sin cambios significativos, reproduciendo de esta forma opiniones del siglo XIX. Al estudiar el modo como se perpetúan estas formas de interpretación, no solo se esta haciendo un trabajo riguroso de la historia de la investigación del tema del arte rupestre y del lenguaje presente en el, sino que se esta simultáneamente conociendo la mentalidad colonial que ha sobrevivido en los espacios intelectuales de quienes se precian de vivir en la republica. El camino que llevan los estudios no es  mas que el proceso de la indiferencia, que paralelamente  fue acompañado por una fantástica recreación de temas que subterráneamente los campesinos fueron elaborando en relación a la presencia de estos elementos culturales antiguos. Así que la búsqueda y la interpretación de estos elementos culturales deben pasar por dos vías distintas que en algunos casos se cruzan

Todo esto significa que estos viajeros, investigadores o personas ocasionales y su mentalidad ha impregnado el conjunto de representaciones sobre un numero de hallazgos de pinturas y grabados denominados convencionalmente como arte rupestre. Hoy ya es posible exponer diversos aspectos, diferenciar temas discutir y reflexionar sobre un proceso que no solo vincula a un objeto en especial, sino que hace referencia a la mentalidad y a las épocas en las cuales se realizaron dichos descubrimientos- Todos estos aspectos que se han venido haciendo poco a poco mas precisos y que hacen referencia a la historia de este objeto y que además marcan algunas diferencias sobre las épocas y sus contradictorias condiciones tanto en el modo como han sido denunciadas y descritas como al valor que se le asigna a este patrimonio  precolombino.

CÓMO ENCONTRAR LAS ROCAS?

Algunas rocas, que tienen en sus paredes o en los techos pinturas o grabados o algunos abrigos conocidos por los habitantes de esta, o aquella región, pueden ser fácilmente visitados pues los campesinos, incluso promueven a los invitados su conocimiento. Muchas rocas son nombradas con diversos atributos, y son usadas como lugar donde se adquiere la fertilidad, pues son raspadas y dispuestas para que las mujeres embarazadas tengan un buen parto. Muchas de estas rocas, son nombradas y asociadas con historias de miedo o con atributos mágicos diversos o con reminiscencias precolombinas reconocidas. Algunas posiblemente contienen los fragmentos de las antiguas tradiciones rituales y religiosas, pero otras, las historias y las tradiciones de los invasores europeos. La roca del diablo, la roca del indio, la piedra del Beato, son algunos ejemplos de nombres de yacimientos rupestres con pinturas o grabados, algunos de los cuales están asociados a leyendas, que en distintas regiones se repiten con variaciones menores. Las piedras de Tunja, llevadas por el diablo desde el río Magdalena, las piedras llevadas para tapar el boquerón de Tausa, son algunas de las tradiciones orales, que incluyen las rocas, allí donde el diablo jugó tejo, allí donde hace miedo, donde mi compadre sufrió un susto tremendo, y donde aparecen pollitos de oro, o donde se desbarrancó la montaña, y quien cuidaba el tesoro, se lo llevó con la creciente, con un ruido espantoso y música de cuerda. Allí donde el cacique traicionó al demonio y con su trampa impidió que éste le robara el alma, muestran sin duda que la cultura colonial imprimió el sello característico de sus sistemas de percepción en la mente de los campesinos. Allí el beato asustaba a los transeúntes y golpeaba a los borrachos, pero también trataba bien a los indios y les daba información sobre crecientes y desastres y hacía que los campesinos despejaran  amplias zonas.

Todas estas tradiciones han permitido en ciertas etapas de la historia nacional, ubicar las Piedras de los Indios. Así, que el modo como se hace el trabajo de búsqueda, parece iniciarse con estas temáticas populares, que hicieron a los curiosos accesibles los sitios, con lo cual pudieron ubicar otras rocas en las cercanías, que no tenían tales connotaciones, o que se habían perdido, pero que igualmente estaban allí a la vista, o tapadas con suelo, con sus signos y trazos indescifrables. Con las primeras expediciones y temporadas de la época republicana, fue posible conocer algunos sitios. Allí comienzan los primeros trabajos de búsqueda y las primeras referencias publicadas sobre estos hallazgos.

Igual que en los tiempos descritos, los investigadores aún actualmente, para hacer el trabajo recurren a las crónicas de indias, a los datos de los viajeros, a las tradiciones campesinas, a las historias de veredas y con ellas, buscan los indicios para poder visitar los sitios “curiosos” que aparecen en estos documentos, sitios que alguna vez mi tío vio y que se encontraban en la finca, al lado de una guaca que tenía oro. Pero quien se interesa en el tema de un modo más profundo, también cuenta ahora con las referencias de los investigadores del siglo XIX – XX y con ellas, adquiere algunas pistas para imaginar que en un amplio territorio pueden estar aún presentes las rocas que corresponden a las formas descritas o dibujadas presentes los textos denominados clásicos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Listas diversas, algunas de las cuales no se han revisado ni siquiera en un 10%, constituyen fuentes interesantes para la búsqueda de las hojas del libro escrito en piedra por los habitantes precolombinos.

Con estos elementos podría mostrase cómo un investigador hace el trabajo en sus inicios. Algunos investigadores han creído ubicar las rocas con los recuerdos de los habitantes de cada sector. Sin embargo, no siempre es cierto que ellos tengan cabal conciencia de todos y cada uno de los sitios que tienen arte rupestre, a pesar de que han vivido de generación en generación y se precian de conocer en detalle todos los lugares. Un ejemplo que muestra esta situación lo vivió el investigador Wenceslao Cabrera Ortiz, unos pocos años después de la investigación del ingeniero Miguel Triana. Cuando Cabrera visitó los sitios de Suacha en Cundinamarca, preguntó a algún campesino desprevenido sobre las rocas que tenía el lugar. La respuesta negativa del campesino permitió que sin inseguridad ninguna Cabrera redactara en 1970 su informe, repitiendo la respuesta del campesino que las rocas habían sido destruidas y que se limitaba a copiar las clásicas gráficas de 1922.

Cuando en 1972 se visitó el lugar, no sólo estaban las rocas que Triana había visitado, sino que además de estas, había un número mayor de yacimientos. Por esto resulta muy simpático que alguien de las grandes ciudades y capitales en Colombia pregunte por carta si los alcaldes y autoridades han visto arte rupestre, imaginando de esta manera que es posible, y con cierta facilidad hacer así rápidamente, ayudado por la memoria, la lista exhaustiva del territorio. Lo anterior supone que en la vida cotidiana actual, los campesinos conversan continuamente sobre la cultura indígena y sus vestigios y lo que es peor de arte y de arte rupestre! En realidad se trata de una inadvertencia de una muy curiosa ingenuidad. Muchos de los campesinos ni siquiera saben que en sus terrenos existen piedras grabadas o pintadas, algunas cubiertas por el matorral o tapadas entre la vegetación. A pesar de estas condiciones, con lo cual se complica la búsqueda, es perfectamente casual y sucede en algunas temporadas de trabajo de campo que en algunos campesinos sepan el lugar preciso de una de ellas o de algunas pocas rocas, que consideran representativas, por hacerse fácil observar algunos trazos. La estrategia de buscar con reglas administrativas no es nueva y dio algunos resultados interesantes. Al parecer este recurso fue usado por el investigador belga Luis Ghisletti, pero este procedimiento fue simultáneamente acompañado por su interés febril en el trabajo al visitar cientos de sitios de campo, motivado por su proyecto central, cual era descubrir el lenguaje oculto de los trazos rupestres.

De otro lado, también existen buscadores de guacas y de tesoros que han venido caminando con cuidado las distintas veredas, como cazadores y al tiempo como curiosos buscadores de recuerdos indígenas presentes en las rocas. Ayudados por las tradiciones de guaquería, por las historias campesinas, e incluso por los temas del misticismo y de la locura contemporánea de lo ovni, los personajes se dedican a embaucar a los campesinos con historias y tesoros, con las líneas que tiene la roca y con los trazos que indican el mapa, con los dibujos que muestra la roca y fácilmente se atreven a leer las pinturas.  Aquí observamos un búho, un sacrificio, un parto y esto indica…Curiosamente son estos los principales personajes que han venido haciendo carrera, algunos en exposiciones, donde no sólo la televisión les ha abierto sus espacios, sino también los centros de cultura quienes promueven sus opiniones y locuras, promocionando de este modo la superficialidad y la banalidad creciente.

En los últimos años es muy común que algunos, interesados en el tema revisen superficialmente algunos sitios y con datos motivados por la premura, se comprometan a divulgar algunos de sus hallazgos, generando como en el siglo pasado, la idea de un proceso y trabajo riguroso y exhaustivo, cuando de lo que se trata es de lograr un simple reconocimiento personal en las ingenuas autoridades culturales. Al lado de estos personajes, también han venido proliferando aquellos que convierten en negocio sus hallazgos y que no tendrían ningún problema en romper o en deteriorar algunos de los murales, cuando no el de convertir sus pequeños hallazgos en un negocio lucrativo, que les permita tener un prestigio efímero, montado en sus proyectos comerciales. Ellos, sin duda han venido encontrando algunos yacimientos rupestres, pero sus hallazgos no dependen de su capacidad y dedicación, sino más bien constituyen la prueba fehaciente de que el territorio tiene más sitios de los que la comunidad y la investigación había advertido.

Lo mas interesante es que existe el prejuicio que sólo ciertas zonas poseen este tipo de manifestaciones estéticas. Así, sin que medie ningún criterio, se supone que algunos municipios son los representantes de estas curiosidades y otros no. Estos prejuicios han impedido que se busquen en algunas zonas y curiosamente cuando se encuentran, las listas crecen de tal modo que los anteriores trabajos resultan curiosamente superados, ante la cantidad y calidad inimaginada, y los temas del poblamiento y la densidad del mismo, se convierten en nuevas y mas interesantes preguntas de investigación, al lado de los inquietantes temas sobre miles de trazos que acompañan a tales sitios.

Además de los anteriores procedimientos y temas para encontrar arte rupestre, existen otras formas, con las cuales también es posible intentar en cada territorio hacer labores de búsqueda. El trabajo de investigación de arte rupestre se hace también con la colaboración de las cartas geográficas, con las toponimias que hacen referencia a sitios de piedras que nombrados por los cartógrafos que visitaron los sitios, consignaron en ellas, algunas pistas sobre posibles yacimientos rupestres. Luego de hacer el trabajo aerofotográfico, los investigadores del Instituto Geográfico Agustín Codazzi designan algunas personas, que deben recorrer las zonas y con ello, visitar los sitios, ayudados por los campesinos para lograr así los nombre de los ríos, de las montañas y de las veredas y de los potreros. Este procedimiento permitió que en las cartas geográficas aparecieran algunos nombres que referencian algunas zonas rupestres.

También algunos textos literarios han venido incluyendo en sus descripciones, como contexto de sus argumentos, la descripción de situaciones y paisajes que referencia rocas con pinturas o grabados. Estas referencias son muy importantes pues cuando se encuentra una roca es en realidad muy posible que existan cientos de ellas en sus alrededores.

Todo lo anterior, permite entender que son diversas las fuentes y procesos que conducen al hallazgo.  Además de las dificultades expuestas, los problemas a continuación hacen referencia a los aspectos relativos a los problemas del registro y documentación de las zonas, de las rocas y de los diversos trazos que componen las obras de arte precolombinas. Al igual que en el tema anterior, aquí también existen diversos intentos por crear sistemas unificados que tengan real valor documental, frente a algunos procedimientos invasivos, destructivos o precarios, que no tienen valor como tal y que sólo sirven para hacer un estudio sobre la mentalidad de la época o sobre la chabacanería usual. De igual modo, no basta con hacer un trabajo riguroso que en su divulgación  determine por su ingenuidad, un creciente desarrollo del deterioro de las zonas por la urgencia desmesurada de publicar.

Los procesos actuales de registro y documentación científica de pinturas y grabados, son el resultado de múltiples factores y cualidades que han conformado por años las estructuras que permiten ordenar y organizar la información. Buena parte de estos, corresponde a la discusión que debió hacerse con los modos con los cuales la tradición había usado para mostrar los yacimientos rupestres.

Así, uno de los factores esenciales fue intentar resolver las dificultades las desprevenciones y el desparpajo de los documentos, que publicados desde el siglo pasado, fueron lentamente construyendo el modo “natural” de representar y describir el arte rupestre.  Las cualidades que debieron incorporarse en el sistema de registro y estudio del arte rupestre en Colombia, hacen referencia a problemas filosóficos, a las diversas teorías sobre la experiencia, la objetividad, discusiones que los primeros equipos de trabajo (GIPRI 1970) se hicieron para imaginar una ficha que respondiera a los procesos de descripción contemporáneos, a los argumentos y criterios modernos para la representación del mundo empírico. La geometrización del mundo discutía con la imagen realista aristotélica. Poco a poco, se fueron configurando diversas estructuras que pretendían ubicar con la mayor precisión los detalles, incluso insignificantes que contienen las pinturas y o los grabados en un mural, pero ubicados en coordenadas, con los cuales se mostraban, caminos distintos a aquellos concebidos, con el uso de la cuadrícula de la tradición (Botero, Roca de Suacha Poma).

Otra actividad de ubicación, la configura el conjunto de datos que permiten el proceso de descripción geográfica. Las descripciones cartográficas preliminares usadas en los primeros años, (a mano alzada del recorrido y ubicación de las rocas) fueron dejadas de lado, aunque usadas en el comienzo de la documentación, fueron dando paso a nuevas formas, ahora con sistemas cartográficos más precisos. La tendencia de este proceso descriptivo, permitirá unificar y condensar en cada etapa, nuevos elementos, hasta llevarlos a procesos que permiten imaginar sistemas complejos de información geográfica (GIS). De igual modo, con el objetivo de responder a las diversas características de los yacimientos, se fueron desglosando espacios y temas diversos, con el propósito de aumentar por grados y en aproximaciones sucesivas, las posibilidades de ubicar nuevas zonas y describir los trazos, las formas, sus dimensiones, su composición, su orden y su lugar dentro de grupos pictóricos y en la totalidad de los murales y en el contexto de la roca y la zona geográfica. Es fundamental que la divulgación de estos sitios y su composición en la estructura geográfica quede expresada de un modo claro, que permita al investigador de los años venideros tener algunos asuntos definidos, relativos al modo como las rocas pintadas o grabadas se encuentran en un zona demarcada.

Es necesario comentar que algunos de los procedimientos y métodos de trabajo han cambiado de modo radical y este cambio no ha sido de ningún modo un asunto teórico, vale decir como resultado de las simples o complejas discusiones de oficina.  Los métodos y procedimientos de trabajo se han venido reformulando  en cada caso a partir de las condiciones y contrastes, que produce la actividad misma en el trabajo de campo. Cuando se inició la investigación en 1970, lentamente se fueron diseñando las diversas fichas para registrar los hallazgos y los yacimientos fueron convertidos en campos de trabajo, que tenían información clasificada en una unidad, como formato de roca. Con el transcurrir de los meses y los años, la cantidad de material crecía con unas proporciones, de tal naturaleza que en cada caso, era completamente imposible utilizar procedimientos de archivo y organización convencionales. Fue entonces una obligación del objeto y del trabajo iniciar los primeros ejercicios con procesadores y bases de datos. Con el vertiginoso caminar de estos elementos cibernéticos, se fueron construyendo caminos para comprimir las fotos y las gráficas digitalizando las imágenes, y organizando la información en software especializado. La tendencia del proceso parece indicar que en el futuro existirán bases de datos complejas, con las cuales se pueda tener unificada la información de diversos campos de la actividad investigativa.  Las labores del dibujante, estrato de las actividades tradiciones, cada día va dando paso a las posibilidades de hacer el 90% de estas actividades con procedimientos más ágiles, ahora con cámaras digitales, procesadores y correctores de imágenes. Mejorar la resolución al describir un yacimiento fue en cada etapa uno de los objetivos. Es cierto que esto demanda aun tiempo mayor, pues es necesario permanecer frente a la roca discriminando detalles, tanto de las formas, como de su composición y trazo. Con estas intenciones de mejorar en cada caso el registro, se crearon fichas adicionales que permitían que se dividieran los murales en grupos, se dimensionaran cada uno de los trazos, y por último, se  diferenciaran las diversas caras de la roca, para discriminar los diversos sectores. La idea primordial es usar un procedimiento unificado que permita tener un documento de trascripción de buena calidad, que tenga valor arqueológico. Frente a esta propuesta, han venido generándose algunos informes de trabajo, que arbitrariamente deciden qué es significativo y que no lo es!  Esta absurda arbitrariedad no sólo parece darles el permiso de reseñar lo que les parece importante, sino que dejan aspectos sin describir. El resultado es que se publican tantas versiones como autores o dibujantes aparecen vinculados y en realidad muy poca vocación por el respeto ante los objetos que se interesan en investigar. Cuando la labor es la escandalizar y generar una simulación del trabajo, se producen estos reportes turísticos, que pretenden el entusiasmo, antes que la labor lenta pero segura del registro sistemático de cada una de las singularidades.

Nadie puede imaginar que es indispensable realizar labores adicionales para registrar las pinturas y los grabados. Durante semanas es posible que un grupo de trabajo dedique su acción a la limpieza detallada y cuidadosa de las pinturas y de los grabados. Algunas rocas a la intemperie se han venido llenando de líquenes, musgos y de suelo. Es indispensable realizar una evaluación que permita limpiar tales materiales y lentamente despejarlos para iniciar los trabajos de registro. El objetivo de tan delicada operación, es impedir daños irreparables en las rocas o en los paneles y murales que tienen las pinturas o los grabados. Con cepillos blandos, con herramientas adecuadas se desprenden de las rocas los eventos extraños y después de realizar algunas pruebas, dependiendo del grado de consolidación, se realizan las actividades descritas. Actualmente se usa una ficha dedicada expresamente a estos procesos, una forma que permite describir la condición inicial, es decir la que tiene la roca al ser hallada, donde se visualizan las condiciones de alteración. El equipo de trabajo tiene siempre en mente que no es bueno intervenir en muchas ocasiones en el yacimiento, ya sea por que éste se afecta en relación a la macroflora que le protege, ya sea por los deterioros humanos producidos en el registro, pero por sobre todo por los efectos indeseados producidos por la novedad que genera el sitio y la curiosidad de los habitantes, expresada en algunas ocasiones en la búsqueda de tesoros y con ellos la ejecución de huecos y de fracturas en las rocas. Es preocupante que sin ninguna evaluación se usen procedimientos ya suprimidos en las labores de registro como vandalismo documental descrito en la bibliografía internacional y acordada por los institutos especializados en el tema. En Colombia no sólo la televisión ha venido promoviendo la documentación destructiva, sino que algunos miembros de los grupos dedicados a la cultura y al arte rupestre, sean iniciadores y promotores de los deterioros de las zonas rupestres. El uso de la tiza por malos fotógrafos, ha permitido que grandes rocas, protegidas en el pasado sean invadidas por tiza (Sasaima) en más de 1000  “dibujos”. La “piedra de Sasaima” tiene 18×9 metros. Cuando el equipo de Gipri la descubrió literalmente en 1981 tenía un excelente estado. Cuando años más tarde, (1999) volvió a visitar el sitio, el director fue informado que se le había vuelto a destapar, se habían contratado obreros y que el trabajo se había hecho muy rápidamente! El resultado era esperable: los irresponsables habían dañado la superficie de algunas zonas cuando el azadón o la pica había golpeado la roca, astillándose en pedazos algunos sitios. ¡En esa oportunidad, pudimos constatar que este mismo grupo de trabajo había pintado con tiza la totalidad de la obra rupestre!.  Probablemente, se necesitaran muchos años para que las autoridades culturales puedan imaginar que la documentación que es depredadora no conduce a nada, tal vez al prestigio momentáneo y al estupor de los espectadores ignorantes, pero no a la comunidad internacional que esta conmovida, por el modo como los institutos salvaguarda del patrimonio en Colombia, son los principales depredadores. Este es sólo un ejemplo de docenas de sitios que han sido tratados de forma semejante.

Un sistema  problemático, igualmente usado es de el calco con un marcador, pero su incidencia en la roca no es semejante a la alteración descrita anteriormente. Su carácter problemático proviene del ingenuo manejo de la información. Los calcos con marcador son realmente versiones del dibujante, que desliza el instrumento en los lugares donde cree encontrar los trazos y las formas. El resultado final es una versión que se parece al original, pero que deja de lado ciertos trazos, que confundidos en las superposiciones de pintura, se indiscriminan en la versión que pretenden ingenuamente ser científica. El cuidadoso examen de la temperatura del color, de la textura de la roca, de la luz, permiten hacer tanto en los petroglifos, esperando que la luz genere las sobras de los surcos, como en las pinturas los brillos de estos con procedimientos profesionales de fotografía. Al igual que en las anteriores actividades, es necesario evaluar el sitio y esperar hasta que sean optimas las condiciones. De igual modo, deberá usarse una carta de calibración de color, con la cual se garantiza que la foto al ser scaneada pueda tener el color tal y como es en el original. De la misma manera, diversos procesos de corrección fotográfica permiten diferenciar los trazos, reconocer las superposiciones, determinar las zonas donde el color se ha desgastado etc. Actualmente, se usan sistemas de separación de color, con los cuales, ya en la labor de oficina o de laboratorio, es posible tener a escalas incluso mayores que el original los simples trazos de las pinturas, sin la forma absurda de copiarlos con marcador frente a la roca.

Las actividades relativas al trabajo fotográfico no pueden simplemente limitarse a hacer esta o aquella foto de esto o aquello que le gusta al fotógrafo. Es función de quien esta encargado del tema, realizar un estudio lo mas completo posible de todos los detalles por insignificantes que parezcan de las particularidades pero no sólo de las pinturas , sino de la roca y de su entorno. Lo otro, tiene simplemente la nefasta condición de convertirse apresuradamente en material de publicación y de escándalo para el abigarrado ego del fotógrafo o del director del proyecto. Incluso es indispensable recordar que mientras no existan políticas serias de conservación es mejor dejar que la información adquirida sea reservada a la comunidad científica, en espera de que en unos años al fortalecerse la capacidad de cuidado de estas zonas, se puedan publicar lo resultados. Cierto decoro y desapasionamiento debe estar siempre en las calidades de quienes son nombrados los investigadores de la cultura y en especial del cuidado del patrimonio que esta disperso en la provincia. El resultado de ciertos manejos que sólo parecen buscar figuración, debe sopesarse al punto de qué tan bueno es para la zona, y para todos sus objetos que la gente ahora entusiasmada por los medios de comunicación visiten sin control los sitios, que estaban relativamente protegidos antes del reporte del promotor ansioso. Basta con recordar el modo como algunos centros de cultura de iguales o semejantes características han sido convertidos en sitio o en zonas destruidas por el afán de venta de vestigios arqueológicos. El parque de san Agustín, y el parque de las piedras de Tunja son ejemplos de un uso inadecuado producto de un manejo inconsistente e inconsecuente.

No basta el sentido común, cuando se trata de objetos que están a la intemperie y que no tienen ninguna protección. Pero es aún más grave cuando se está en un país en el cual no se respeta lo indígena, aspecto que guarda sus raíces en las tradiciones coloniales. Lo que se ve en lo indígena es la oportunidad de enriquecimiento rápido, y con ello las historias de las guacas y los guaqueros son también las historias de las oportunidades individuales, sino que ahora, el enriquecimiento buscado es el del prestigio. Cientos de zonas están ahora en manos de los dueños o de los habitantes de las ciudades que con su crecimiento han llegado en algunos sectores a los antiguos sitios rupestres (Barrio ciudadela Sucre en Suacha). Antes que un despliegue documental de sitios, que luego no van a poder ser controlados, sería pertinente usar los esfuerzos para realizar labores discretas y publicidad en los sitios que se encuentran deteriorados o en peligro.

One response to “Apuntes & BORRRADORES

  1. Mónica Suárez

    Ciertamente tenemos un compromiso ético como investigadores de proporcionar información y concientizar a quienes conviven día a día con las evidencias culturales en el campo, esta es una tarea que debemos ya estar ejecutando, a la par de nuestras exploraciones e investigaciones.

    Nuestros métodos de registro están en función al avance de los investigadores y la discusión y difusión de estos procesos científicos; el tizar, mojar o calcar las imágenes rupestres aunque parezca increíble, aun sigue siendo utilizado por aquellos investigadores que se inician en el tema, es por eso que las charlas y debates entre especialistas y aficionados son de vital importancia para poder servir como vehículos conductores para generar una cultura de orgullo respeto hacia el esfuerzo de quienes nos antecedieron legándonos estos pedazos de recuerdos.

    Hoy en día el estudio del arte rupestre no solo es el recuperar las imágenes y plasmarlas de manera aislada como figuras coleccionables en alguna revista, el tema es bastante delicado y complejo, implica el desarrollo de modernas técnicas, tomando las herramientas que nos ofrece el avance de la modernidad, implica también el registro del entorno geográfico y su reconstrucción en el tiempo, el estudio del soporte rocoso, el análisis iconográfico, el estudio arqueológico de contextos, los procesos arqueométricos complementarios para materiales subyacentes asociados, pictóricos y demás que nos permiten reconstruir un momento aportando valiosos datos que hasta hace algunas décadas atrás no eran tomadas en cuenta.

    Definitivamente, espacios como este donde especialistas pueden intercambiar puntos de vista, exponer experiencias, métodos y teorías en cuanto al arte rupestre, resultan embriones para el desarrollo científico que aún tiene mucho por desentrañar de las rocas.
    Aprovecho la oportunidad para felicitarlos por este encomiable esfuerzo y extenderles un fraternal saludo desde Lima – Perú.

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